Los Superhéroes - Ilustraciones para el libro de Jairo Aníbal Niño

En Bogotá, a punto de terminar la universidad, algunos de mis compañeros y yo empezábamos a buscarnos la vida trabajando en algunas editoriales y empresas de diseño. Muchas editoriales, especialmente las dedicadas a los libros escolares, pagaban unos honorarios misérrimos para realizar unas cantidades enormes de ilustraciones para sus libros. Se fue corriendo la voz entre los buenos ilustradores de que la Editorial Panamericana, aparte de tener contenidos mucho más interesantes, pagaba mucho mejor cada ilustración realizada. En esa época ellos no solamente hacían libros escolares, también literatura de autores clásicos y nuevos autores. Con ellos realicé algunas publicaciones, entre ellas Los Superhéroes

En los noventa, a pesar de tener buenas aptitudes para el dibujo, no sabía dibujar. Desde niño tuve esa tendencia que no llegué a explotar seriamente, y al momento de llegar a Panamericana estaba peleando por soltar la mano, lo cual se puede ver en los dibujos, especialmente en los realizados a color.


En los dibujos a blanco y negro, donde las luces y sombras las daba la mancha de tinta, me fue mucho más fácil definir los volúmenes gracias al manejo de la plumilla con las tramas y el pincel, en las sombras fuertes.


En esos momentos la informática apenas estaba abriéndose paso en el mundo editorial, así que casi todo se realizaba a mano, sin embargo el cómic fue hecho en ordenador, con un esfuerzo grandísimo, ya que la máquina que usaba (yo no tenía, era prestada) no era lo suficientemente veloz para retocar y colorear mapas de bits. Rellenar una superficie plana (por ejemplo rellenar la manga de un traje de color azul) requería unos cuantos minutos. Fue un trabajo agotador mentalmente. La portada fue coloreada con ecolines, afortunadamente.


Por aquellos días, en alguna entrega de bocetos o correcciones, se pasó a echar un ojo Jairo Aníbal Niño. Un tipo algo serio, con una mirada de curiosidad por encima de sus gafas enormes. No era de muchas palabras, estuvo unos momentos y se fue calladamente, quizá a soñar con alguna de sus nuevas historias.


Este es uno de esos proyectos de los que me siento bastante orgulloso. Aunque no hay virtuosismo en los dibujos, si hay muchas ganas y empeño en hacer algo bueno. Ahora hacen parte de la historia de la literatura colombiana.